Juanma me ha embarcado en el proceso este que el llama "enmarronamiento memero" y que consiste en lo siguiente:
Es fácil: copiar el párrafo segundo de la página 139 del libro que estés leyendo en ese momento. Se presupone, pues, que te gusta leer y que tienes tiempo para ello.
Como me gusta enmarronarme, ahí va mi aportación.
"Cuando vio que la muchacha volvía muy enferma de la charca y se había atado una correa a la cabeza, también él se ató una correa. Y entonces enfermó. Y cuando oyó decir a los otros que el corazón de la muchacha estaba a punto de caer, él se apresuró a enfermar. (En realidad estaba sano, y fingía estar enfermo. ) Y cuando oyó decir a los otros que el corazón de la muchacha estaba a punto de caer, /Kuken/u/unno murió."
La niña que creó las estrellas. Relatos orales de los bosquimanos /xam
Selección, traducción y prólogo: José Manuel de Prada Samper.
Edit. Rescatados Lengua de Trapo. Octubre 2004
Genial, ¿no? Es toda una historia concentrada en un parrafo. ¡Y no he hecho trampa! Es del libro que escribió un amigo, quién además tuvo el detallazo de regalármelo . Gracias, José.
Y yo enmarrono a Pau (como soy torpe no sé hacer el enlace) pero está en mis blogs de amigos como el Sr. Cebolleta. Pau por si solo será capaz de citar 7 u 8 libros. Seguro.
Un cuento es como el viento, viene de un lugar lejano, y lo sentimos. //Kabbo
miércoles, 18 de abril de 2007
martes, 10 de abril de 2007
BOCALLAVE
Del 16 de marzo al 15 de abril se presenta en la sala de exposiciones "Palacio de Pimentel" de Valladolid la exposición Para abrir boca que promueve la asociación cultural Bocallave. El entorno no puede ser más hermoso la casa palacio donde nació en 1527 Felipe II.
Con el hilo conductor de la palabra bocallave se presentan obras de soportes y planteamientos muy diversos: composiciones musicales, esculturas, danza, audiovisuales, poemas, fotografías, cuentos... Me siento contentísima de haber aportado mi granito de arena con el cuento que os presentaré a continuación porque la exposición es preciosa; y no solo en el Palacio de Pimentel, también lo fue en la inauguración de diciembre en la sala de Ciguñuela, sede de la asociación. Pero sobretodo me siento contenta porque esto ha servido de punto de encuentro con gente entusiasta y llena de ideas, y con dos queridos amigos: Pablo de Castro y Agustín Calvo Galán. Los dos tienen sus proyectos propios en Para abrir boca y además han aportado belleza a mi cuento: Pablo a través de la maquetación y Agustín con la ilustración.
Con el hilo conductor de la palabra bocallave se presentan obras de soportes y planteamientos muy diversos: composiciones musicales, esculturas, danza, audiovisuales, poemas, fotografías, cuentos... Me siento contentísima de haber aportado mi granito de arena con el cuento que os presentaré a continuación porque la exposición es preciosa; y no solo en el Palacio de Pimentel, también lo fue en la inauguración de diciembre en la sala de Ciguñuela, sede de la asociación. Pero sobretodo me siento contenta porque esto ha servido de punto de encuentro con gente entusiasta y llena de ideas, y con dos queridos amigos: Pablo de Castro y Agustín Calvo Galán. Los dos tienen sus proyectos propios en Para abrir boca y además han aportado belleza a mi cuento: Pablo a través de la maquetación y Agustín con la ilustración.
Se ha editado un libro-DVD de edición limitada y numerada que recoge la totalidad de las obras presentadas. Podéis descargarlo en el siguiente enlace:
http://www.xolido.com/?idarticulo=33061
Espero que éste sea uno de los muchos proyectos que organice y promueva la Asociación Bocallave. Enhorabuena. Y muchas gracias.
BOCALLAVE
El Sr. Conejo abrió la puerta de golpe y se sentó deprisa en la silla que estaba enfrente de Alicia.
- Buenas tardes, Sr. Conejo – dijo Alicia mientras le servía el té. - ¿Un poco de leche?- Todos los días la misma pregunta – le dijo el Sr. Conejo consultando su reloj- Cuanto te gusta perder el tiempo. Ya deberías saber que no me gusta la leche pero ponme dos terrones de azúcar.
- ¿Unas galletitas? Las he hecho yo misma.
- No tengo tiempo. No tengo tiempo – replicó el Sr. Conejo mientras se levantaba de la mesa – Aunque..., pensándolo bien, me llevaré dos para el camino.
El Sr. Conejo se guardó dos galletitas en el bolsillo de su levita. Y salió de manera precipitada por la misma puerta por la que había entrado.
Alicia no pudo despedirse pero, eso, no tenía la menor importancia porque estaba segura de que al día siguiente, a la misma hora, volvería a visitarla. Por otro lado, esperaba a su segundo invitado, tan puntual como lo eran los demás.
Y, efectivamente, aquí estaba:
- Buenas tardes, Sr. Gato – dijo Alicia ayudándole a abrir la segunda de las puertas – Pase,
pase.
- Miaaauuuu – Le dio las gracias el Sr. Gato, que era ,sin lugar a dudas, muy educado.
- Leche con un poco de té, ¿verdad? – le preguntó Alicia cortésmente.
- Miau, miau.
Aquel día el Sr. Gato le enseñó a doblar las servilletas en forma de ratón. Fue muy divertido porque ninguno de los dos había visto antes ratones a cuadros blancos y rojos, con orejas de puntillas y migas de pastel en los bigotes.
- Hasta mañana, Sr. Gato, cuídese – se despidió Alicia sujetándole la puerta y diciéndole adiós con la mano.
Antes de que pudiera volver a sentarse, llamaron a la tercera puerta.
Toc-Toc golpeó con los nudillos la Sra. Margarita al mismo tiempo que introducía la llave en la cerradura y hacía girar el pestillo.
- ¡Qué día hoy, querida! Creía que el jardinero acabaría por cortar mi precioso tallo. Y luego un estúpido enamorado casi me arranca los pétalos uno a uno desgranando síes y noes.
- ¡Qué barbaridad! Menudo estrés. Tiene que estar agotada – contestó Alicia imitando el tono de voz de su madre cuando conversaba con la vecina.
La Sra. Margarita hablaba demasiado y siempre contaba las mismas cosas: que si las mariposas no son lo que eran, que si las abejas no dejaban de zumbar, que si el calor apretaba demasiado...
Pero Alicia la escuchaba dichosa, porque sabía que la siguiente visita la compensaría con creces de la chachara incansable de la Sra. Margarita.
Así era, el Príncipe Azul con su cara azul, sus manos enguantadas en guantes azules y su voz azulada, abría la cuarta puerta y se acercaba sigiloso por detrás de la Sra. Margarita.
- ¡Aaaggggg! - gritaba ella huyendo despavorida.
La Sra. Margarita pensaba que todos los Príncipes Azules están siempre enamorados. Y, claro, el enamoramiento es una de las situaciones más peligrosas para una flor.
- Buenas tardes, mi niña. – decía azuladamente el Príncipe Azul - ¿Qué has hecho hoy en la escuela? ¿Has aprendido alguna canción? ¿Alguna frase nueva en francés o en inglés? Cuando viajemos por el mundo te será muy útil saber idiomas. Y también cantar: la música es capaz de llenar el silencio mejor que las palabras.
Y, Alicia, entre suspiro y suspiro, entre risa tonta y risa tonta, se repasaba la lección. Quería ser una mujer preparada para cualquier eventualidad que le pudiera surgir en todo el vasto mundo.
Casi sin darse cuenta llegaba la hora de la cena. Siempre quedaba una puerta sin abrirse. Pero se hacía de noche y su madre era inflexible:
- Alicia, vas a coger frío si te quedas más rato en el jardín. Venga. Ya es hora de entrar en la casa – la acuciaba con los brazos en jarra.
- Pero mamá... – replicaba Alicia en vano – ¿No ves que aún queda una puerta por abrir?
- ¿Una puerta? Alicia, vas a dejar de leer esos libros tan raros que te traes de la biblioteca.
Entonces, Alicia, a medias resignada, recogía el viejo bocallave colgado de la rama del árbol y se lo guardaba en el bolso del pantalón vaquero.
martes, 3 de abril de 2007
SALAMBÓ de FLAUBERT
Un año más estamos en plena Semana Santa. El cristianismo supuso el fin del Mundo Antiguo, entendiendo por ello el fin de un modo de vida. Atrás fueron quedando dioses, sacrificios y rituales paganos, el hedonismo, la voluptuosidad y las formas sociales y políticas de griegos y romanos. Bueno, por suerte nos quedan muchas cosas con las que evocar otros mundos y otras historias, ni mejores ni peores pero sí maravillosamente diferentes.
Flaubert creo con Salambó una obra densa, rica y sobre todo profundamente evocativa, justo igual que Alma-Tadema con su pintura precisa, delicada y arcaica. Dos enamorados del mundo antiguo.
FELICES VACACIONES
SALAMBÓ. La princesa de Cartago
Gustave Flaubert
Edit. Edhasa 1996
p. 50
Salambó subió a la terraza de su palacio, sostenida por una esclava que llevaba en un brasero de hierro carbones encendidos.
Había en el centro de la terraza un pequeño lecho de marfil, cubierto de pieles de lince, con cojines de pluma de papagayo, animal fatídico consagrado a los dioses; y en las cuatro esquinas se elevaban altos pebeteros, llenos de nardo, incienso, cinamo y mirra. La esclava prendió fuego a los perfumes. Salambó miró a la estrella polar, saludó lentamente a los cuatro puntos cardinales y se arrodilló en el suelo, entre el polvo de azul sembrado de estrellas de oro, a imitación del firmamento. Luego, apoyando los codos en los costados, con los antebrazos extendidos y las manos abiertas, echando la cabeza hacia atrás bajo la luz de la luna, dijo:
- ¡Oh Rabbetna!... ¡Baalet!... ¡Tanit! - y su voz se elevaba quejumbrosa, como si llamara a alguien-. ¡Anatis! ¡Astarté! ¡Derceto! ¡Astaroth! ¡Mylitta! ¡Athara! ¡Elissa! ¡Tiratha!... ¡Por los símbolos ocultos, por los sistros sonoros, por los surcos de la tierra, por el eterno silencio y por la eterna fecundidad, dominadora del mar tenebroso y de las playas, oh reina de las cosas húmedas, salud!
Flaubert creo con Salambó una obra densa, rica y sobre todo profundamente evocativa, justo igual que Alma-Tadema con su pintura precisa, delicada y arcaica. Dos enamorados del mundo antiguo.
FELICES VACACIONES
SALAMBÓ. La princesa de Cartago
Gustave Flaubert
Edit. Edhasa 1996
p. 50
Salambó subió a la terraza de su palacio, sostenida por una esclava que llevaba en un brasero de hierro carbones encendidos.Había en el centro de la terraza un pequeño lecho de marfil, cubierto de pieles de lince, con cojines de pluma de papagayo, animal fatídico consagrado a los dioses; y en las cuatro esquinas se elevaban altos pebeteros, llenos de nardo, incienso, cinamo y mirra. La esclava prendió fuego a los perfumes. Salambó miró a la estrella polar, saludó lentamente a los cuatro puntos cardinales y se arrodilló en el suelo, entre el polvo de azul sembrado de estrellas de oro, a imitación del firmamento. Luego, apoyando los codos en los costados, con los antebrazos extendidos y las manos abiertas, echando la cabeza hacia atrás bajo la luz de la luna, dijo:
- ¡Oh Rabbetna!... ¡Baalet!... ¡Tanit! - y su voz se elevaba quejumbrosa, como si llamara a alguien-. ¡Anatis! ¡Astarté! ¡Derceto! ¡Astaroth! ¡Mylitta! ¡Athara! ¡Elissa! ¡Tiratha!... ¡Por los símbolos ocultos, por los sistros sonoros, por los surcos de la tierra, por el eterno silencio y por la eterna fecundidad, dominadora del mar tenebroso y de las playas, oh reina de las cosas húmedas, salud!
domingo, 25 de marzo de 2007
LUIS CERNUDA Y PEPE ESPALIÚ
Ayer se casaron unos amigos muy queridos para mí, Agustín y José Antonio. Fue una boda emotiva y me sentí absolutamente afortunada por estar allí y por compartir con ellos aquel momento.
Por eso, hoy, quiero colgar uno de los poemas de amor más hermosos que conozco y la foto de una escultura que dice lo mismo pero con otro lenguaje. La escultura es de PEPE ESPALIÚ; la foto, lo siento, es penosa, pero no tengo otra mejor, son dos jaulas unidas por la parte de abajo.
LUIS CERNUDA
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin un escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Por eso, hoy, quiero colgar uno de los poemas de amor más hermosos que conozco y la foto de una escultura que dice lo mismo pero con otro lenguaje. La escultura es de PEPE ESPALIÚ; la foto, lo siento, es penosa, pero no tengo otra mejor, son dos jaulas unidas por la parte de abajo.
LUIS CERNUDA
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguiencuyo nombre no puedo oír sin un escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
lunes, 12 de marzo de 2007
AUSTER, KAFKA Y LA MUÑECA
Nos gusta que nos cuenten historias. Desde que somos niños nos gusta sumergirnos en mundos imaginarios que amplíen nuestros horizontes y que expliquen nuestro presente. Ese deseo de sobrevolar la realidad para volver de nuevo a ella, pero como se vuelve después de un largo viaje lleno de aventuras: como un héroe, eso es lo que significa para mi la anécdota que me ha enviado Ignasi. La ha encontrado mientras leía Brooklyn follies del escritor mago Paul Auster.
Os invito a leerla, al final te da igual que se pueda corroborar la anécdota o no, lo importante es que prefieres creértela. ELIGES QUE SEA CIERTA:
AUSTER, KAFKA Y LA MUÑECA
de Brooklyn Follies
Anagrama. Barcelona, 2006
pp 159-161
- Vale. Cuéntame ya esa historia.
- De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca... Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación de la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.
Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?
Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.
Os invito a leerla, al final te da igual que se pueda corroborar la anécdota o no, lo importante es que prefieres creértela. ELIGES QUE SEA CIERTA:
AUSTER, KAFKA Y LA MUÑECA
de Brooklyn Follies
Anagrama. Barcelona, 2006
pp 159-161
- Vale. Cuéntame ya esa historia.
- De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca... Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación de la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.
Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?
Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.
domingo, 4 de marzo de 2007
MIRCEA VISTO POR MAITREYI DEVI
Está claro que la vida nos regala historias maravillosas. Algunas las contemplamos sólo como espectadores o como personajes secundarios, pero, en otras, somos los protagonistas. Algunas historias se escriben y vibran cada vez que se leen.
En el 2003 me compré un par de libros que me engancharon por la historia que los recorría. El primer libro que leí fue el que está escrito por Mircea Eliade "Maitreyi. La noche bengalí".
Mircea Eliade es un más que reputado filosofo y estudioso de la historia de las religiones. Había leído obras suyas para un estudio de iconografía (hace ya tropocientos mil años) pero no tenían nada que ver con la novela que tenía entre las manos. Aquella novela, esta novela, es un intento catártico de liberarse de un amor imposible. Mircea vivió en la India en 1928, allí conoció a Maitreyi, la hija de su maestro, y se enamoró perdidamente de ella. ¿Él occidentel y ella hindú? La cosa terminó mal. Muy mal. Como toda historia de amor que se precie.
El libro empieza con una dedicatoria:
"¿Te acuerdas de mí, Maitreyi?
Y si te acuerdas, ¿podrás perdonarme algún día?"
Ella se acordaba de él. 40 años después de que él se marchara de la India - y nunca más regresara - ella se enteró de que Él había escrito un libro revelando al mundo su historia. Y no la sentó muy bien. Decidió replicarle y escribir la historia desde su punto de vista..."Mircea. Una historia de amor"
Maitreyi Devi es una mujer de rompe y rasga. Nació en 1914 y murió en 1990 en el intermedio fue alumna de Rabindranath Tagore y estuvo vinculada muy estrechamente con la Gandhi Peace Foundation, fue vicepresidenta del Consejo coordinador de mujeres de toda la India.
Cuando supo que Mircea había escrito su libro y desvelado sus secretos estaba ya casada y con la vida bien repleta de personas, actividades y emociones, pero aún así pensó:
"Ahora que puedo conseguir su dirección, ¿por qué no le escribo una carta? ¿Acaso no puedo escribirle a un viejo amigo? Pero ¿cómo pedirle su dirección a Srmati Parvati? ¿Qué pensará? Que piense lo que quiera, ¿a mí qué me importa? (...)
Al día siguiente escribí: Querida Parvati, ten la bondad de hacerme llegar la dirección de Mircea Euclid". A la dirección Parvati añadió algunos detalles: "Goza de fama mundial y en su cabeza vive en la India".
No me impresiona la fama mundial, sobre todo si es debia a la erudición. El conocimiento sin comprensión humana no tiene ningún valor para mí. No es la ambición de estas cosas la que le hizo... ¡ay!, ¿qué importa? Escribiré una carta y veré si me contesta. Así que escribí: "Mircea Euclid, me ha dicho J*** que has preguntado por mí. Quiero saber si eres la misma persona que conocí hace cuarenta años. Si es así, ten la bondad de contestar a esta carta."
No hubo respuesta. Esperé y esperé. Luego me lo saqué de la mente. Hay tanto que hacer, tantas cosas que llevar a cabo; no hay necesidad de preocuparse por un asunto tan trivial"
Mircea. Una historia de amor
pag. 224
Edit. Kairós Nov. 2000
Pero ella se siguió preocupando "por un asunto tan trivial" y fue a verle. Voló hasta EE UU. Tendría unos sesenta y pico años y él alguno más. Se encontraron en el despacho de Mircea:
"- ¿Por qué no levantas la vista, Mircea? Has escrito en tu libro que si te encuentras conmigo me mirarás a los ojos. ¿Lo has olvidado?
- Ah, eso fue hace mucho tiempo, ¡cuarenta años! ¡Ay, cuarenta años!
- ¿Sabes?, la gente me pregunta cuánto tiempo viviste con nosotros. ¿Cuánto fue, Mircea? No lo recuerdo.
- ¡Mil años!
- ¿Y bien? ¿No sabes entonces quién eres, quienes somos todos?
He venido a ver a aquel tú al que no puede herir ningún arma ni quemar ningún fuego.
Habló en sánscrito:
- Na hanyate hanymane sharire (no muere cuando muere el cuerpo).
- Bueno, ¿entonces qué? He venido a ver a ese tu que no tiene principio, mitad o fin. Créeme, si me miras, en un instante te haré regresar cuarenta años atrás, al lugar exacto donde nos vimos por primera vez.
Mircea levantó el rostro. Tenía los ojos nublados. Oh no, mis peores temores son ciertos, sus ojos se han convertido en piedra. Nunca volverá a verme. ¿Qué debo hacer? No podré iluminar sus ojos, no llevo un quinqué en la mano; después de recorrer toda esta distancia, ¿quién sabe cuando se secó el aceite de la lámpara y el cirio se quemó del todo? El temor me cambió - ya no era Amrita. Me convertí en una mera mortal y pensé como él: ¡cuarenta años, cuarenta años! Es ciertamente demasiado tarde. Me di la vuelta. Tenía que llegar hasta la puerta, mover esa manecilla de latón y abrir la puerta; luego saldría a la calle y caminaría hasta donde estaba Shirley. Desde las profundidades de mi ser exhalé un suspiro que se arremolinó en la estancia. Caminaba hacia la puerta, franqueando los pequeños montículos de libros, cuando oí la voz de Mircea:
- Amrita, espera un poco. ¿Por qué te desmoronas ahora cuando has sido tan valiente durante tantos años? Te prometo que iré a buscarte y allí, en las orillas del Ganges, te mostraré mi verdadero ser.
No soy pesimista. En el interior de mi corazón roto agonizaba un diminuto pájaro de esperanza, pero nada más llegarme las palabras de Mircea revivió y se convirtió en un fénix. ¿Ha visto alguien un fénix? Es idéntico al albatros. El enorme pájaro batió sus poderosas alas. De repente me agarró y comenzamos a encumbrarnos más y más a la vez que el techo del estudio de Mircea se abría como una caja de Pandora y las paredes desaparecían. Los libros pétreos se convirtieron en ondas; oí el murmullo del agua.
Sobrevolando el lago Michigan de un continente desconocido aquel gran pájaro, construido con la ilusión de la esperanza me susurró al oído:
- No te desanimes, Amrita, pondrás luz en sus ojos.
- ¿Cuándo?- pregunté ansiosa.
- Cuando te reúnas con él en la Via Láctea; ese día no queda ya muy lejos - replicó".
Mircea. Una historia de amor
pag. 270-271
Edit. Kairós Nov. 2000
En el 2003 me compré un par de libros que me engancharon por la historia que los recorría. El primer libro que leí fue el que está escrito por Mircea Eliade "Maitreyi. La noche bengalí".
Mircea Eliade es un más que reputado filosofo y estudioso de la historia de las religiones. Había leído obras suyas para un estudio de iconografía (hace ya tropocientos mil años) pero no tenían nada que ver con la novela que tenía entre las manos. Aquella novela, esta novela, es un intento catártico de liberarse de un amor imposible. Mircea vivió en la India en 1928, allí conoció a Maitreyi, la hija de su maestro, y se enamoró perdidamente de ella. ¿Él occidentel y ella hindú? La cosa terminó mal. Muy mal. Como toda historia de amor que se precie.
El libro empieza con una dedicatoria:
"¿Te acuerdas de mí, Maitreyi?
Y si te acuerdas, ¿podrás perdonarme algún día?"
Ella se acordaba de él. 40 años después de que él se marchara de la India - y nunca más regresara - ella se enteró de que Él había escrito un libro revelando al mundo su historia. Y no la sentó muy bien. Decidió replicarle y escribir la historia desde su punto de vista..."Mircea. Una historia de amor"
Maitreyi Devi es una mujer de rompe y rasga. Nació en 1914 y murió en 1990 en el intermedio fue alumna de Rabindranath Tagore y estuvo vinculada muy estrechamente con la Gandhi Peace Foundation, fue vicepresidenta del Consejo coordinador de mujeres de toda la India.
Cuando supo que Mircea había escrito su libro y desvelado sus secretos estaba ya casada y con la vida bien repleta de personas, actividades y emociones, pero aún así pensó:
"Ahora que puedo conseguir su dirección, ¿por qué no le escribo una carta? ¿Acaso no puedo escribirle a un viejo amigo? Pero ¿cómo pedirle su dirección a Srmati Parvati? ¿Qué pensará? Que piense lo que quiera, ¿a mí qué me importa? (...)
Al día siguiente escribí: Querida Parvati, ten la bondad de hacerme llegar la dirección de Mircea Euclid". A la dirección Parvati añadió algunos detalles: "Goza de fama mundial y en su cabeza vive en la India".
No me impresiona la fama mundial, sobre todo si es debia a la erudición. El conocimiento sin comprensión humana no tiene ningún valor para mí. No es la ambición de estas cosas la que le hizo... ¡ay!, ¿qué importa? Escribiré una carta y veré si me contesta. Así que escribí: "Mircea Euclid, me ha dicho J*** que has preguntado por mí. Quiero saber si eres la misma persona que conocí hace cuarenta años. Si es así, ten la bondad de contestar a esta carta."
No hubo respuesta. Esperé y esperé. Luego me lo saqué de la mente. Hay tanto que hacer, tantas cosas que llevar a cabo; no hay necesidad de preocuparse por un asunto tan trivial"
Mircea. Una historia de amor
pag. 224
Edit. Kairós Nov. 2000
Pero ella se siguió preocupando "por un asunto tan trivial" y fue a verle. Voló hasta EE UU. Tendría unos sesenta y pico años y él alguno más. Se encontraron en el despacho de Mircea:
"- ¿Por qué no levantas la vista, Mircea? Has escrito en tu libro que si te encuentras conmigo me mirarás a los ojos. ¿Lo has olvidado?
- Ah, eso fue hace mucho tiempo, ¡cuarenta años! ¡Ay, cuarenta años!
- ¿Sabes?, la gente me pregunta cuánto tiempo viviste con nosotros. ¿Cuánto fue, Mircea? No lo recuerdo.
- ¡Mil años!
- ¿Y bien? ¿No sabes entonces quién eres, quienes somos todos?
He venido a ver a aquel tú al que no puede herir ningún arma ni quemar ningún fuego.
Habló en sánscrito:
- Na hanyate hanymane sharire (no muere cuando muere el cuerpo).
- Bueno, ¿entonces qué? He venido a ver a ese tu que no tiene principio, mitad o fin. Créeme, si me miras, en un instante te haré regresar cuarenta años atrás, al lugar exacto donde nos vimos por primera vez.
Mircea levantó el rostro. Tenía los ojos nublados. Oh no, mis peores temores son ciertos, sus ojos se han convertido en piedra. Nunca volverá a verme. ¿Qué debo hacer? No podré iluminar sus ojos, no llevo un quinqué en la mano; después de recorrer toda esta distancia, ¿quién sabe cuando se secó el aceite de la lámpara y el cirio se quemó del todo? El temor me cambió - ya no era Amrita. Me convertí en una mera mortal y pensé como él: ¡cuarenta años, cuarenta años! Es ciertamente demasiado tarde. Me di la vuelta. Tenía que llegar hasta la puerta, mover esa manecilla de latón y abrir la puerta; luego saldría a la calle y caminaría hasta donde estaba Shirley. Desde las profundidades de mi ser exhalé un suspiro que se arremolinó en la estancia. Caminaba hacia la puerta, franqueando los pequeños montículos de libros, cuando oí la voz de Mircea:
- Amrita, espera un poco. ¿Por qué te desmoronas ahora cuando has sido tan valiente durante tantos años? Te prometo que iré a buscarte y allí, en las orillas del Ganges, te mostraré mi verdadero ser.
No soy pesimista. En el interior de mi corazón roto agonizaba un diminuto pájaro de esperanza, pero nada más llegarme las palabras de Mircea revivió y se convirtió en un fénix. ¿Ha visto alguien un fénix? Es idéntico al albatros. El enorme pájaro batió sus poderosas alas. De repente me agarró y comenzamos a encumbrarnos más y más a la vez que el techo del estudio de Mircea se abría como una caja de Pandora y las paredes desaparecían. Los libros pétreos se convirtieron en ondas; oí el murmullo del agua.
Sobrevolando el lago Michigan de un continente desconocido aquel gran pájaro, construido con la ilusión de la esperanza me susurró al oído:
- No te desanimes, Amrita, pondrás luz en sus ojos.
- ¿Cuándo?- pregunté ansiosa.
- Cuando te reúnas con él en la Via Láctea; ese día no queda ya muy lejos - replicó".
Mircea. Una historia de amor
pag. 270-271
Edit. Kairós Nov. 2000
martes, 20 de febrero de 2007
LA CASA DE LOS ESPEJOS
Mi amiga Merche me ha enviado un par de correos que han acabado por unirse en mi cabeza. Uno con la foto de su perrita - que es una preciosidad, ¿verdad? - y otro con un cuento oriental. En el cuento sale un perrito simpático y de buen rollo, que para mí es Nikita, y también sale un perrito temeroso del cambio que soy yo cuando me enfrento con los vecinos con los que comparto desdichas de escalera.
Lo voy a colgar en catalán (que es como Merche me lo ha enviado porque así se lo encontró. Y es que, ya sabéis, Oriente empieza a orillas del Mediterráneo) pero también con mi aventurada traducción.
LA CASA DE LOS ESPEJOS
Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.
Un día, un perrito que buscaba refugio del sol consiguió entrar por un agujero de una de las puertas de la casa.
El animal subió lentamente las viejas escaleras de madera y cuando llegó a la parte de arriba se topo con una puerta entre abierta. Poco a poco, entró en la habitación y para su sorpresa, se dió cuenta de que en aquella habitación había mil perritos observándole tan fijamente como él les observaba a ellos.
El perro, empezó a mover la cola y a mover sus orejas. Los mil perritos hicieron lo mismo. Después sonrió y ladró alegremente a uno de ellos. Y se quedó muy sorprendido al ver como todos aquellos perritos también le sonreían y le ladraban tan contentos. Cuando salió de la habitación se quedó pensando para sí mismo: “¡Qué lugar tan agradable! Vendré a menudo a visitarlo.”
Pasado un tiempo, otro perro entró en la misma casa y se encontró con la misma habitación, pero a diferencia del primero, este perro al ver a los otros mil en la habitación se sintió amenazado y tuvo miedo, ya que todos los perros le miraban de una manera agresiva, y empezó a gruñir y a ladrar bien fuerte. Y, está claro, entonces comprobó que todos aquellos perros le empezaron a hacer lo mismo. Cuando aquel perro salió de la casa pensó: “¡Qué lugar tan horrible! Nunca más volveré allá!.”
¿Qué habitación eliges tú?
LA CASA DELS MIL MIRALLS (Conte tradicional de 1'Orient)
Es diu que fa temps, en un petit i Ilunyà poble, hi havia una casa abandonada.
Cert dia, un gosset que buscava refugi del sol, va aconseguir ficar-se per un forat d’una de les portes de la casa. El gosset va pujar lentament les velles escales de fusta. En arribar a dalt es va topar amb la porta mig oberta. A poc a poc, va entrar a I'habitació i per a lo seva sorpresa, es va adonar que dins d’aquella habitació hi havia 1.000 gossets allà observant-lo tan fixamet com ell els observava a ells.
El gos,va comencar a moure lo cua i a aixecar les seves orelles. Els 1.000 gossets varen fer el mateix. Posteriorment va somriure i va bordar alegrement a un d’ells. El gosset es va quedar molt sorprès en veure a tots aquells gossets també li somreien i li bordaven ben contents. Quan va sortir de I'habitació es va quedar pensant per a si mateix: “quin lloc tan agradable! Vindré més sovint o visitar-ho".
Temps després, un altre gosset va entrar a lo mateixa casa i es va trobar a la mateixa habitació. Però, a diferència del primer aquest gosset en veure els altres 1.000 de l'habitació, es va sentir amenaçat va tenir por, ja que tots els gossos li miraven d’una manera agressiva, i va començar a grunyir i a bordar ben fort. I és clar, va veure com tots aquells gossos alhora li varen fer a ell el mateix. Quan aquest gosset va sort de lo casa va pensar "Quin lloc tahorrible! Mai més tornaré a entrar allà ".
QUINA HABITACIÓ TRIES TU?
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