domingo, 4 de marzo de 2007

MIRCEA VISTO POR MAITREYI DEVI

Está claro que la vida nos regala historias maravillosas. Algunas las contemplamos sólo como espectadores o como personajes secundarios, pero, en otras, somos los protagonistas. Algunas historias se escriben y vibran cada vez que se leen.

En el 2003 me compré un par de libros que me engancharon por la historia que los recorría. El primer libro que leí fue el que está escrito por Mircea Eliade "Maitreyi. La noche bengalí".

Mircea Eliade es un más que reputado filosofo y estudioso de la historia de las religiones. Había leído obras suyas para un estudio de iconografía (hace ya tropocientos mil años) pero no tenían nada que ver con la novela que tenía entre las manos. Aquella novela, esta novela, es un intento catártico de liberarse de un amor imposible. Mircea vivió en la India en 1928, allí conoció a Maitreyi, la hija de su maestro, y se enamoró perdidamente de ella. ¿Él occidentel y ella hindú? La cosa terminó mal. Muy mal. Como toda historia de amor que se precie.

El libro empieza con una dedicatoria:

"¿Te acuerdas de mí, Maitreyi?
Y si te acuerdas, ¿podrás perdonarme algún día?"

Ella se acordaba de él. 40 años después de que él se marchara de la India - y nunca más regresara - ella se enteró de que Él había escrito un libro revelando al mundo su historia. Y no la sentó muy bien. Decidió replicarle y escribir la historia desde su punto de vista..."Mircea. Una historia de amor"

Maitreyi Devi es una mujer de rompe y rasga. Nació en 1914 y murió en 1990 en el intermedio fue alumna de Rabindranath Tagore y estuvo vinculada muy estrechamente con la Gandhi Peace Foundation, fue vicepresidenta del Consejo coordinador de mujeres de toda la India.

Cuando supo que Mircea había escrito su libro y desvelado sus secretos estaba ya casada y con la vida bien repleta de personas, actividades y emociones, pero aún así pensó:

"Ahora que puedo conseguir su dirección, ¿por qué no le escribo una carta? ¿Acaso no puedo escribirle a un viejo amigo? Pero ¿cómo pedirle su dirección a Srmati Parvati? ¿Qué pensará? Que piense lo que quiera, ¿a mí qué me importa? (...)
Al día siguiente escribí: Querida Parvati, ten la bondad de hacerme llegar la dirección de Mircea Euclid". A la dirección Parvati añadió algunos detalles: "Goza de fama mundial y en su cabeza vive en la India".
No me impresiona la fama mundial, sobre todo si es debia a la erudición. El conocimiento sin comprensión humana no tiene ningún valor para mí. No es la ambición de estas cosas la que le hizo... ¡ay!, ¿qué importa? Escribiré una carta y veré si me contesta. Así que escribí: "Mircea Euclid, me ha dicho J*** que has preguntado por mí. Quiero saber si eres la misma persona que conocí hace cuarenta años. Si es así, ten la bondad de contestar a esta carta."

No hubo respuesta. Esperé y esperé. Luego me lo saqué de la mente. Hay tanto que hacer, tantas cosas que llevar a cabo; no hay necesidad de preocuparse por un asunto tan trivial"

Mircea. Una historia de amor
pag. 224
Edit. Kairós Nov. 2000

Pero ella se siguió preocupando "por un asunto tan trivial" y fue a verle. Voló hasta EE UU. Tendría unos sesenta y pico años y él alguno más. Se encontraron en el despacho de Mircea:

"- ¿Por qué no levantas la vista, Mircea? Has escrito en tu libro que si te encuentras conmigo me mirarás a los ojos. ¿Lo has olvidado?
- Ah, eso fue hace mucho tiempo, ¡cuarenta años! ¡Ay, cuarenta años!
- ¿Sabes?, la gente me pregunta cuánto tiempo viviste con nosotros. ¿Cuánto fue, Mircea? No lo recuerdo.
- ¡Mil años!
- ¿Y bien? ¿No sabes entonces quién eres, quienes somos todos?
He venido a ver a aquel tú al que no puede herir ningún arma ni quemar ningún fuego.
Habló en sánscrito:
- Na hanyate hanymane sharire (no muere cuando muere el cuerpo).
- Bueno, ¿entonces qué? He venido a ver a ese tu que no tiene principio, mitad o fin. Créeme, si me miras, en un instante te haré regresar cuarenta años atrás, al lugar exacto donde nos vimos por primera vez.
Mircea levantó el rostro. Tenía los ojos nublados. Oh no, mis peores temores son ciertos, sus ojos se han convertido en piedra. Nunca volverá a verme. ¿Qué debo hacer? No podré iluminar sus ojos, no llevo un quinqué en la mano; después de recorrer toda esta distancia, ¿quién sabe cuando se secó el aceite de la lámpara y el cirio se quemó del todo? El temor me cambió - ya no era Amrita. Me convertí en una mera mortal y pensé como él: ¡cuarenta años, cuarenta años! Es ciertamente demasiado tarde. Me di la vuelta. Tenía que llegar hasta la puerta, mover esa manecilla de latón y abrir la puerta; luego saldría a la calle y caminaría hasta donde estaba Shirley. Desde las profundidades de mi ser exhalé un suspiro que se arremolinó en la estancia. Caminaba hacia la puerta, franqueando los pequeños montículos de libros, cuando oí la voz de Mircea:
- Amrita, espera un poco. ¿Por qué te desmoronas ahora cuando has sido tan valiente durante tantos años? Te prometo que iré a buscarte y allí, en las orillas del Ganges, te mostraré mi verdadero ser.

No soy pesimista. En el interior de mi corazón roto agonizaba un diminuto pájaro de esperanza, pero nada más llegarme las palabras de Mircea revivió y se convirtió en un fénix. ¿Ha visto alguien un fénix? Es idéntico al albatros. El enorme pájaro batió sus poderosas alas. De repente me agarró y comenzamos a encumbrarnos más y más a la vez que el techo del estudio de Mircea se abría como una caja de Pandora y las paredes desaparecían. Los libros pétreos se convirtieron en ondas; oí el murmullo del agua.
Sobrevolando el lago Michigan de un continente desconocido aquel gran pájaro, construido con la ilusión de la esperanza me susurró al oído:
- No te desanimes, Amrita, pondrás luz en sus ojos.
- ¿Cuándo?- pregunté ansiosa.
- Cuando te reúnas con él en la Via Láctea; ese día no queda ya muy lejos - replicó".

Mircea. Una historia de amor
pag. 270-271

Edit. Kairós Nov. 2000

5 comentarios:

Nina de Papuza dijo...

Acabo de desaparecer volando por la Vía Láctea... no sé cómo se agradece a alguien que desde su blog te lleva por los aires con un texto brindado generosamente así. Quiero leer la historia de Maitreyi, quiero creer que podrá conseguirla así: "Mircea. Una historia de amor. Edit. Kairós Nov. 2000", con Maitreyi como autora.
Me impresiona todo, como por ejemplo:
"Desde las profundidades de mi ser exhalé un suspiro que se arremolinó en la estancia".

Nina de Papuza dijo...

Bueno, como no sé si fue clara, gracias, gracias, gracias.
Preciosa sensibilidad.

Nina de Papuza dijo...

La autora, entonces, es Maitreyi Devi, con tal nombre figurará el libro, claro... Verás, me hablo y me respondo. Es para que no te preocupes por mis despiestes. Encontraré el libro y te agradeceré este descubrimiento, con un nuevo comentario del mismo.

Helena Cuesta González dijo...

Sí, la autora es Maitreyi Devi y la editorial Kairós. Me alegro muchísimo de que te haya gustado especialmente este texto. Y sé que un amigo mío que tiene una relación muy especial con este libro también se alegrará; verdad, José Manuel?

Por cierto, te dejo una cita del Bhagavad Gita que sirve de epígrafe al libro de Maitreyi y que José, que se ha leído el libro en versión original, me regaló en forma de traducción.

" No nacida, eterna,imperecedera, primigenia,
nunca muere,
cuando muere el cuerpo (II, 20)."

Las palabras están ahí para pasearse de oreja a boca o de boca a oído...

Espero que disfrutes con el libro.

José Manuel dijo...

Pues sí, soy un gran admirador de Maitreyi, aunque no he leído más que este libro. Me gustaría algún día conocer su poesía. Si no me equivoco, se considera a Maitreyi, que fue discípula de Tagore, como una destacada poeta en lengua bengalí.
Respecto al versículo del Bhagavad Gita que sirve de epígrafe a la versión original (y que por motivos incomprensibles no figura en la traducción española)imagino que fue la propia Maitreyi quien lo tradujo al inglés. NO puedo resitir la tentación de traducir aquí de la versión inglesa del mallorquín (exiliado en Cambridge) Joan Mascaró, uno de los grandes traductores de todos los tiempos. Traduzco el versículo completo (del que Maitreyi sólo tómo la segunda mitad):

[El espíritu] no nace nunca, y nunca muere. Es en la Eternidad; para siempre es. No nacido, eterno, más allá de tiempos pasados o venideros, no muere, cuando el cuerpo muere.

Mascaró habla de "he" (él), para referirse al Espíritu. Maitreyi usa el neutro "it". Yo traduje en femenino porque pensaba en la palabra "alma", más que en "espíritu". Debo decir, con todo, que aun admirando mucho a Mascaró, me gusta más su versión (aunque "it" suena raro para referirse al alma/espíritu).