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viernes, 24 de agosto de 2018

Combus y un poema de M. Atwood

Hace trece años pensé que necesitaba embellecer mi casa con una planta, hasta ese momento sólo había tenido algunas flores en el balcón. Compré una que parecía una palmera pequeñita, inmediatamente todo a su alrededor se hizo más hermoso. Creo que su nombre científico es dracaena marginata.

Han pasado muchas cosas desde entonces: me cambié de casa dos veces, de trabajo tres veces y, lo más importante, conocí a Jose. Juntos renombramos a esta pequeña planta como Combus (abreviatura de Combustión verde), ahora sabréis por qué.  Ella nos ha visto crecer, ha vivido con amigos cuando nosotros hemos estado fuera, y siempre nos ha aportado bienestar y paz en su rinconcito del salón.

Así es Combus:





El nombre que le dimos viene de uno de varios poemas de Margaret Atwood que Jose había traducido cuando nos conocimos. Es un poema de amor, pero también de ser otro, de cambio y crecimiento: de vida.

Ahora Combus estrena nueva nueva maceta, porque lo necesita, sigue creciendo, dándose y amando, igual que nosotros.


Más y más 


Más y más a menudo mis contornos 
se disuelven y me transformo 
en un anhelo de asimilar el mundo, incluido 
tú, de ser posible a través de la piel 
como los ardides de una planta viva con el oxígeno 
y vivir de una inofensiva combustión verde. 


No te consumiría, 
ni siquiera te 
acabaría, seguirías ahí 
rodeándome, íntegra 
como el aire. 


Por desgracia no tengo hojas. 
En su lugar poseo dientes 
y ojos y otras cosas 
que no son verdes e imposibilitan la ósmosis.  


Sé pues cautelosa, lo digo en serio, 
te lo advierto sinceramente: 


Este tipo de hambre lo atrae 
todo hacia su propio 
espacio; y no es posible 
agotar el tema, sostener 
una discusión serena y racional.  
Para esto no hay razón que valga, sólo 
la lógica sobre huesos de un perro famélico.              


     (de The Animals in That Country, 1968. Traducción de J.M. de Prada Samper)



More and more 

More and more frequently the edges 
of me dissolve and I became 
a wish to assimilate the world, including 
you, if possible through the skin 
like a cool plant's tricks with oxygen 
and live by a harmless green burning. 

I would not consume 
you, or ever 
finish, you would still be there 
surrounding me, complete 
as the air. 

Unfortunately I don't have leaves. 
Instead I have eyes 
and teeth and other non-green 
things which rule out osmosis. 

So be careful, I mean it, 
I give you a fair warning: 

This kind of hunger draws 
everything into its own 
space; nor can we 
talk it all over, have a calm 
rational discussion. 

There is no reason for this, only 
a starved dog's logic about bones.



jueves, 7 de diciembre de 2017

"Yo no sé muchas cosas" de León Felipe



¡Sí que ha pasado tiempo desde la última entrada! Me hubiera gustado decir que hemos estado viajando, pero más bien el mundo ha pasado por casa. Hemos tenido amigos, conocidos y distintos trabajos que nos han tenido entretenidos estos últimos meses.

Ahora ando dándole a la palabra con los cuentos, pero también estoy trabajando mucho como guía de turismo y educadora en los museos. Esto me llena de felicidad porque retoma una antigua vocación. 

Jose sigue trabajando en distintos proyectos que ahondan en la tradición oral suráfricana, algunos los espera ver traducidos al castellano, otros se han publicado en inglés; por ejemplo, pinchando aquí podéis leer un artículo muy interesante sobre un narrador bosquimano del s.XIX comentando arte rupestre.

Pero el último mes del año está siempre lleno de encuentros con amigos a los que hace tiempo que no ves, te pones al día, y se brinda por el nuevo año. Eso es justo lo que venimos a hacer aquí con los amigos virtuales. 

En los encuentros a menudo nos hacemos regalos, a mí me regalaron un poema que ahora compartiré con vosotros acompañado de una foto familiar. Es la foto de la maleta de mi abuelo. Es una maleta muy vieja, como se dice ahora vintage. Esa maleta ha viajado mucho. Está cargada de historias: fue del pueblo a la ciudad, de la ciudad me la lleve yo en mi primer viaje a Italia, cuando era una adolescente. Entonces la lleve porque era bonita, luego me arrepentí porque pesaba muchísimo. Pero no se abandona un tesoro de la familia. Y en cada uno de los traslados de piso que he tenido me ha acompañado.

El poema es de León Felipe me lo entregó envuelto en las alas de una mariposa de origami mi amiga Carmen este año en una cena de Navidad.

León Felipe es un poeta de la generación de 27, zamorano, vivió en Barcelona un tiempo, como vivo yo ahora, alma errante y poeta maravilloso.


Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.



jueves, 14 de julio de 2016

"La hechicera", un poema de Eugène N. Marais

La profesora Helize van Vuuren, de la Universidad Nelson Mandela de Port Elizabeth, me hizo llegar hace poco un ejemplar de su reciente libro A Necklace of Springbok Ears: /Xam Orality and South African Literature (Stellebosch: SUN MeDIA, 2016).

Se trata de un fascinante estudio sobre las fuentes literarias surafricanas relacionadas con los bosquimanos del sur de África.


La lectura de la obra de Van Vuuren me ha animado a volver al pequeño libro de Eugène N. Marais Dwaalstories (1927), en el que cabe encontrar algunas de las producciones más tempranas y bellas en afrikáans basadas en las tradiciones orales de los bosquimanos.


He releído los cuatro breves cuentos y, en contra de la opinión de Van Vuuren, sigo pensando que su contenido es más atribuible a las dotes creadoras de Marais que a ninguna fuente oral, aunque, como ya dije en la otra entrada sobre este tema, tampoco cabe descartar que el poeta se basara en parte en una genuina fuente oral.


En todo caso, los poemas que están insertados en los distintos relatos sí que son creación de Marais, y se cuentan entre los más bellos en lengua afrikáans.


En la entrada antes aludida di algunas pinceladas sobre la vida de Marais y expliqué que Dwaalstories puede traducirse como "historias errabundas". "Historias peregrinas" tampoco sería mala opción.


Según dice la profesora Van Vuuren  (páginas 165-166 de su libro), "historias en proceso de extraviarse" también es un posible sentido de esta palabra compuesta.


En la anterior entrada sobre Marais se incluía la traducción del poema "Die dans van die reën" (La danza de la lluvia), que forma parte del relato "Klein Riet-Alleen-in-die-Roerkuil" ("Pequeño Junco-solo-en-el-torbellino")


Este poema ("Die towenares" / La hechicera) es parte de otro cuento, "Die Reënbul" ("El toro de la lluvia"). El texto está tomado de Gedigte (Ciudad del Cabo: Nasionale Pers, segunda impresión, 1934, página 43).


La ilustración es una de las varias que hizo la ilustradora surafricana Katrine Harries para la reeedición de 1959 de Dwaalstories (Ciudad del Cabo: Human & Rousseau). La he tomado de la edición digital de las obras completas de Marais accesible en la Digitale Bibliotheek voor Nederlandse Letteren (http://www.dbnl.org/).







Die Towenares
(Lied van die verbanne jong meid.)

Wat word van die meisie wat altyd alleen bly?
Sy wag nie meer vir die kom van die jagters nie;
Sy maak nie meer die vuur van swart-doringhout nie.
 Die wind waai verby haar ore;
sy hoor nie meer die danslied nie;
 die stem van die storie-verteller is dood.
G’n een roep haar van ver nie
 om mooi woord te praat.
Sy hoor net die stem van die wind alleen,
en die wind treur altyd
 om hy alleen is.



La hechicera
(canto de la muchacha desterrada)

¿Qué es de la muchacha que siempre está sola?
ya no espera la llegada de los cazadores;
ya no enciende nunca el fuego de leña de espino negro.
 El viento sopla más allá de sus oídos;
ya no escucha la música de la danza;
 la voz del contador de historias ha muerto.
Nadie la llama desde lejos
 para decirle palabras bonitas.
Sólo escucha la voz del viento,
 y el viento siempre se lamenta
  porque está solo.



domingo, 26 de junio de 2016

"The road not taken"/ "El camino no tomado" de Robert Frost


Me gusta mucho el poema de Robert Frost The road not taken porque expresa a la perfección ese deseo tan humano de querer elegir más de una cosa al mismo tiempo.

Ese momento de duda y de tensión y cómo elegimos uno u otro porque hay que tomar una decisión, guiados por el instinto tal vez, o dando mil razones.

Una vez tomada la resolución, nos consolamos diciéndonos que tal vez otro día, volveremos para explorar el camino dejado atrás. ¡Cómo si eso fuera posible!

Y aún más, nos tranquilizamos diciendo que el camino que tomamos fue "el mejor", el menos transitado, lo que nos hace sin duda sentirnos "especiales". 

En algún lugar leí que este poema lo escribió para un amigo suyo que era bastante dubitativo y luego siempre estaba arrepintiéndose de sus elecciones.

Si me gusta tanto este poema, es porque es un canto al momento sublime de la indecisión. Hacer esto o aquello. Ahí donde todo es posible. Y nada ha ocurrido todavía, pero donde no te puedes quedar eternamente. Luego escojas lo que escojas ya está. De nada sirve arrepentirse. Tampoco habrá vuelta atrás. Volverás a encontrarte con otras encrucijadas, eso sí. 




Robert Frost 
The road not taken 


Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth.

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same.

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I–
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.


Robert Frost 
El camino no tomado
Traducción para el blog: José Manuel de Prada-Samper


Dos caminos se bifurcaban en un bosque otoñal,
y apenado por no poder los dos transitar 
y ser un único viajero, largo tiempo me detuve
y contemplé uno hasta donde la vista alcanzaba
allí donde se curvaba en la maleza.

Tomé entonces el otro, por ser igual de bello,
y quizá más apetecible,
pues lo cubría la hierba y apenas usado estaba;
aunque el trasiego allí
en realidad los había gastado más o menos lo mismo.

Y aquella mañana a los dos por igual cubrían
hojas que ningún pie había hollado.
Oh, ¡reservé el primero para otro día!
Si bien, sabedor de que un camino lleva a otro,
dudé de que fuera a regresar.

Con un suspiro esto contaré
en algún lugar, dentro de una eternidad:
dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo...
yo tomé el menos transitado,
y eso lo ha cambiado todo.

sábado, 7 de febrero de 2015

“Oh, la danza de nuestra hermana”: un poema de Eugène Marais

Eugène Marais
Leí por primera vez este poema de Eugène Marais hace unos años en la rompedora antología de poesía Surafricana de Jack Cope (el que fuera amante de Ingrid Jonker) y Uys Krige, The Penguin Book of South African Verse (1968). La versión inglesa que allí aparece (págs. 191-192) es de los propios Cope y Krige.

Naturalista y poeta, Marais es uno de los grandes de las letras surafricanas. Nació en Pretoria el 9 de enero de 1871 y tras una azarosa vida, marcada por su adicción a la morfina, se quitó la vida en una granja cerca de Pelindaba, al oeste de Pretoria, el 29 de marzo de 1936.

Gran defensor del afrikáans como lengua de su gente, prefirió esa lengua al inglés y al holandés, y en ella escribió la mayor parte de su obra. Como naturalista Marais fue un precursor de la moderna ciencia de la etología, con sus estudios sobre las termitas y los babuinos. En ese campo, su libro más destacado es Die Siel van die Mier (“El corazón de la termita”, 1925), un estudio sobre la sociedad de los termiteros que fue desvergonzadamente plagiado por el escritor belga de lengua neerlandesa y premio Nobel Maurice Materlinck (1862-1949), en su libro La Vie des termites (1926). Existe una película estupenda sobre Marais, Die Wonderwerker (2012) de Katinka Heyns, que se centra en el periodo en que el poeta estuvo convaleciente de malaria en una granja del Waterberg.

Mi interés por Marais lo suscitó el libro Dwaalstories en ander vertellings (1927), que llegó a mis manos en la versión inglesa de Jacques Coetzee The Rain Bull and other tales from the San (2007). Este título (“El toro de la lluvia y otros relatos de los san”) tiene poco que ver con el original, que podría traducirse como “cuentos errabundos”.

La vinculación de estos relatos viajeros con la verdadera tradición oral de los pueblos bosquimanos del sur de África es debatible, aunque no cabe descartar que algunos elementos procedan realmente de cuentos tradicionales que Marais escuchó. El caso es que asegura haberlos escuchado de labios de un bosquimano centenario llamado Hendrik con al que parece ser que frecuentó mucho en 1913 cuando el poeta estaba pasando una temporada en la granja Rietfontein del Waterberg, al norte de Pretoria.

La prosa de los relatos es muy poética, y recuerda en muchas cosas a la de las Leyendas de Guatemala (1930) de Miguel Ángel Asturias. Como ha sugerido el biógrafo de Marais, Leon Rousseau, no cabe descartar que Hendrik relatara las historias bajo la influencia del dagga (la forma local de la marihuana) y el poeta los adaptara más tarde bajo la influencia de la morfina (The Dark Stream: The Story of Eugène Marais, Johannesburgo, Jonathan Ball, 1999, p. 262). El resultado es una obra maestra de la prosa en afrikáans.

Comoquiera que fuese el proceso de creación de las Dwaalstories, el caso es que Marais insertó en ellas varios poemas, entre los que se cuenta el que aquí ofrezco en una tentativa de traducción en verso libre. El poema no necesita mayores aclaraciones, salvo quizá decir que, por supuesto, “la gente menuda” (die kleinvolk) mencionada en la penúltima estrofa, no son otras que las termitas, que se agitan en sus moradas al sentir la proximidad de la lluvia.

El texto afrikáans lo he tomado de la web http://allpoetry.com/Die-Dans-Van-Die-Reen. La fotografía de Marais procede de la entrada sobre él en Wikipedia. La otra fotografía es de Helena, y muestra un aguacero visto desde la colina Witeberg, varios kilómetros al norte de Marydale, cruzado el río Orange, que visitamos con Neil Rusch el 15 de marzo de 2011 y que probablemente es K”amm xhára ka !kau, la elevación desde la que, según ||kabbo, cierto !gixa de |xam-ka !au “cortaba la lluvia” para aliviar la sequía en su territorio. No es propiamente el Kalahari, pero sin duda esta zona de sabana se parece a la que Marais tenía en mente al componer el poema. Estoy en deuda con mi profesor de afrikáans, Izak Johann Meyer, quien me ayudó en su día a pulir una traducción al ingles de “Die dans van die reën” que hice como ejercicio de clase. El poema, sin embargo, está traducido al castellano directamente de la lengua original.



Dien dans van die reën
Eugène Marais
Lied van die vioolspeler, Jan Konterdans, Uit die Groot Woestyn

O die dans van ons Suster!
Eers oor die bergtop loer sy skelm,
en haar oge is skaam;
en sy lag saggies.
En van ver af wink sy met die een hand;
haar armbande blink en haar krale skitter;
saggies roep sy.

Sy vertel die winde van die dans
en sy nooi hulle uit, want die werf is wyd en die bruilof groot.

Die grootwild jaag uit die vlakte,
hulle dam op die bulttop,
wyd rek hulle die neusgate
en hulle sluk die wind;
en hulle buk, om haar fyn spore op die sand te sien.

Die kleinvolk diep onder die grond hoor die sleep van haar voete,
en hulle kruip nader en sing saggies:
Ons Suster! Ons Suster! Jy het gekom! Jy het gekom!”

En haar krale skud,
en haar koperringe blink in die wegraak van die son.
Op haar voorkop is die vuurpluim van die berggier;
sy trap af van die hoogte;
sy sprei die vaalkaros met altwee arms uit;
die asem van die wind raak weg.
O, die dans van ons Suster!

La danza de la lluvia
Eugène Marais

Canción del violinista Jan Konterdans, del Gran Desierto (Kalahari)

¡Oh la danza de nuestra hermana!
Primero, otea taimada desde la cima
tímidos los ojos;
la risa dulce.
Y desde lejos hace señas con una mano;
sus brazaletes brillan y centellean sus abalorios,
con dulzura llama.

Habla a los vientos de la danza
y los invita, porque la explanada es amplia y espléndidas serán las bodas.

Los grandes antílopes corren sobre la llanura,
se congregan en lo alto de la colina,
dilatan al máximo sus fosas nasales
y tragan el viento;
y se inclinan, para ver sobre la arena su rastro sutil.

En lo hondo de la tierra, la gente menuda
escucha el murmullo de sus pies,
y se acerca a rastras y canta suavemente:
¡Hermana! ¡Hermana! ¡Has venido! ¡Has venido!’’

Y sus abalorios se agitan,
y sus ajorcas de cobre relumbran en el descenso del sol.
Sobre su frente está el penacho de fuego del águila de la montaña;
desciende desde las alturas,
con ambos brazos despliega el manto gris;
el aliento del viento se pierde.
¡Oh la danza de nuestra hermana!

Traducción de J. M. de Prada-Samper


martes, 16 de septiembre de 2014

EL KALEVALA DE ELIAS LÖNNROT


Después de visitar Finlandia y de escuchar a algunos narradores de allí contar algunas escenas del Kalevala, no he tardado mucho en sumergirme en las páginas de este libro inmenso que contiene muchos libros y cantos; paisajes, leyendas y mitos en él.

El Kalevala es una recopilación de cantos en verso llevada a cabo por el folklorista finlandés Elias Lönnrot (Sammatti,1802-1884). Aunque no fue un simple copista, se sabe, gracias a sus minuciosos y detallados apuntes, que él mismo compuso algunos de los versos y dio forma a la unidad del conjunto. 

Lo cierto es la obra es espectacular y destila magia por los cuatro costados. Nos traslada a un mundo ancestral haciéndonos soñar con el despertar del mundo y la fuerza extraordinaria de la palabra. Es la voz del cantor, que da vida o la quita, una de los temas presentes que más me han llamado la atención. 

En el Kalevala encontramos bastantes historias y personajes. De hecho, se pueden leer capítulos sueltos e historias de manera casi independiente. Uno de los personajes más fascinantes es Väinämöinen, el rapsoda que nació ya viejo y que enamorado decide ir al oscuro norte para conseguir a la doncella de Pohja.
Dama bastante solicitada, puesto que también se la disputan Ilmarinen, el herrero universal capaz de forjar el mítico sampo, y otro héroe llamado Lemminkäinen quién en la conquista de la deseada acabó con el cuerpo troceado en el río de Tuoni, la muerte. 

Y es aquí donde quería yo venir a parar. Porque es una escena bastante impresionante. La madre de Lemminkäinen se entera de que su hijo está muerto, pero lejos de resignarse, se presenta en las orillas del río y rescata los restos de su hijo (Es la escena que nos ilustra el cuadro de Akseli Gallen-Kallela). Junta todas las piezas y poco a poco las vuelve a la vida. Sí, cual Osíris. Pero ¿cuál es la última y la que le cuesta más volver a la vida? ¿Cuál es la que se le resiste a esta mujer que ha conseguido re-nacer a su hijo? El habla. Después de conseguir  juntar la carne, las venas rotas, colocarle los huesos y los ojos en su sitio, devolverle el habla al hijo, no fue tarea fácil.

Encuentro que es un párrafo muy hermoso. Lo copiaré a continuación para que lo degustéis, para que lo bebáis, como la miel de la que se habla. Os dará una idea del ritmo estupendo del Kalevala y a pesar, o quizá porque es en verso, es fácil leerlo, y es una también estupenda labor de traducción.

Después de una experiencia traumática, o cuando algo nos sorprende de manera positiva o negativa, no es raro que nos quedemos sin voz.


La madre de Lemminkäinen (1897). Akseli Gallen-Kallela  

El Kalevala. Elias Lönnrot. 
Edición preparada por Joaquín Fernandez y Ursula Ojanen
Editora Nacional
Madrid, 1984

CANTO XV 

Así pues consiguió la madre 
de Lemminkäinen recrearlo, 
le devolvió su antigua forma, 
el aspecto que antes tenía. 
Infundieron vida sus súplicas 
a las venas, a las arterias, 
mas no devolvieron el habla,
la palabra al pobre muchacho. 

La madre rompió a hablar y dijo: 
"Se podría encontrar un bálsamo 
milagroso, algo de aguamiel, 
para que un hombre extenuado, 
un pobre héroe maltrecho 
pudiera recobrar el habla, 
romper de repente a cantar? 

Escúchame, querida abeja, 
flor la que reinas en el bosque, 
corre veloz a buscar miel,
agua de miel ve a recoger 
al fondo mismo de Tapiola, 
al denso reino de los bosques, 
en los cálices de las flores, 
en lo íntimo de las plantas, 
para ungir las partes enfermas 
para curar las graves llagas." 

Despegando el vuelo, la abeja 
se dirigió al fondo del bosque,
libó las flores de la landa, 
y de la punta de seis flores, 
de los estambres de cien henos 
destiló miel sobre su lengua; 
luego, las alas impregnadas 
de miel, el zumbador insecto 
rápidamente regresó.  

La madre usó de los ungüentos 
para ungir al hombre agotado, 
curar al héroe maltrecho; 
pero no dieron resultado, 
el habla no le devolvieron.

La madre dijo estas palabras: 
"Escúchame, querida abeja, 
dirige tu segundo vuelo 
allende nueve grandes mares, 
hacia la isla que aparece 
sobre la cresta de las olas, 
a los países de la miel, 
a la nueva mansión de Tuuri, 
el que los truenos distribuye.  
Miel prodigiosa hay allí 
y bálsamos maravillosos 
para recomponer las venas, 
capaces de curarlo todo; 
abeja tráeme esos ungüentos, 
tráeme esos mágicos remedios 
para que con ellos recubra 
las llagas, cure las heridas."

La abeja, con rápido vuelo, 
nueve grandes mares cruzó, 
llegando a la mitad del décimo. 
Un día voló, dos, casi tres, 
sin posarse nunca en un tallo, 
sin detenerse en una hoja, 
hacia la isla que surgía 
sobre la cresta de las olas, 
hacia las tierras de la miel 
en la ribera del gran rápido, 
donde el sagrado remolino. 

Allí hacían hervir la miel, 
espesos untos preparaban 
en una marmita de arcilla, 
en recipientes tan pequeños 
que sólo cabía el pulgar, 
no más que de un dedo la yema.

La abeja de ligero vuelo 
se proveyó de los ungüentos, 
y, pasados unos instantes, 
zumbadora, emprendió el regreso 
con seis vasijas en las patas 
y siete vasos en la espalda 
llenos de ungüentos milagrosos, 
repletos de pomadas grasas.
Roció la madre con los bálsamos 
a Lemminkäinen, lo frotó 
con nueve ungüentos diferentes, 
con ocho aceites prodigiosos, 
más no surtieron el efecto 
deseado, no fueron útiles. 
  
Entonces dijo así la madre:
 "Escúchame, querida abeja, 
por tercera vez alza el vuelo 
a las etéreas alturas, 
más allá del noveno cielo, 
donde existe abundante miel, 
agua de miel hay a raudales. 
Un tiempo hubo en que el Creador 
usó de ellas para ungir, 
rociar las llagas de su hijo 
herido por potencias malas; 
baña tus alas en la miel, 
abeja, en el dulce bálsamo; 
tráemela sobre tus alas, 
bajo tu manto de colores, 
para ungir las partes enfermas, 
para cubrir las hondas llagas."

La obediente adorada abeja 
preguntó a la madre del héroe: 
"¿Cómo podré llegar allí, 
siendo tan débil como soy?"
"Podrás llegar muy fácilmente, 
muy grato te será volar s
obre la luna, bajo el sol, 
del cielo entre las estrellas; 
el primer día llegarás
hasta la frente de la Luna; 
el día segundo y el tercero, 
deslizaráste por los hombros, 
resbalarás por las espaldas, 
de la esplendente Osa Mayor, 
de las hermosas Siete Estrellas; 
ya es corto el camino, 
sólo te espera un breve viaje 
para llegar donde se halla 
Dios santo, el Bienaventurado."
 
La abeja abandonó la tierra, 
la de alas dulces alzó el vuelo, 
se deslizó con sus alitas 
por el gran disco de la luna, 
destelló alrededor del sol, 
luego alcanzó la Osa Mayor, 
las Siete Estrellas, y por fin, 
entró de Dios en las mansiones, 
en casa del Omnipotente. 

Allí destilábanse ungüentos, 
espesos bálsamos se hacían 
en unas marmitas de plata, 
en unos recipientes de oro; 
en el centro hervía la miel, 
en los bordes se fundía el sebo, 
al lado sur el aguamiel, 
al lado norte los ungüentos.

Como era de esperar, la abeja 
encontró miel en abundancia, 
en abundancia halló aguamiel; 
pasados algunos instantes, 
levantó el vuelo zumbadora, 
llevando en las patas cien cuernos 
con vasos a millares, unos 
llenos de miel, de aguamiel otros, 
el resto con mágicos untos.

La madre los probó en su boca, 
saboreólos con la lengua, 
los examinó atenta y dijo: 
"Estos ungüentos son los buenos 
son los bálsamos del Creador, 
aquellos utilizó Dios 
para en las llagas derramar."

Después ungió al hombre agotado 
a Lemminkäinen, el maltrecho, 
frotó las partes lesionadas, 
frotó los miembros desgarrados 
de arriba abajo, hasta en el centro 
y luego rompió a hablar diciendo:
"¡Despiértate ya de tu sueño, 
deja por siempre de soñar 
en esta fúnebre morada, 
sobre el manto de las desgracias!"

El héroe se despertó
salió por fin de su letargo (...)