sábado, 26 de noviembre de 2016

Cuarto viaje por las tierras del Karoo

Hace unas semanas salió publicado en la revista Tantágora el que es, por ahora, último artículo sobre nuestros viajes recogiendo cuentos en las tierras del Karoo.

Tiene especial significado para mí colgar este post en estos momentos porque en breve Jose os hablará de la publicación de un libro muy especial con cuentos de la zona. Ahora mismo él está por allí haciendo entrega del libro y hablando con nuevos narradores.

Es la prueba de cómo es posible estar con la cabeza y el corazón en una parte y el cuerpo en otra. Yo estoy tecleando en el ordenador, pero mis pensamientos y todo mi ser están caminando en las llanuras del Karoo. No he podido ir. ¡¿No he podido ir?!

Si queréis soñar un poco despiertos y descubrir un bar maravilloso en medio de un desierto, o refugiaros mientras la lluvia cae a escuchar la historia de Serena Renier... podéis clicar AQUÍ.


Karoo, Sudáfrica

martes, 1 de noviembre de 2016

La historia y el juego de Sameraaltjie




Hace más de cinco años cuando se inició el proyecto de documentar la tradición del Alto Karoo, en Suráfrica, este fue uno de los primeros relatos que recogimos. Fue durante aquella primera entrevista a Katriena Swartz y Magdalena Beukes que grabamos en marzo de 2011, y que hemos descrito con cierto detalle en uno de nuestros artículos para Tantágora.

Las dos hermanas habían empezado contándonos cuentos de fantasmas. Después pasaron a otro tipo de relatos, pero en un momento dado parecía que se les habían acabado los cuentos, así que Katriena le sugirió a su hermana hablar de Sameraaltjie. Los siguientes minutos de narración fueron un tanto confusos, y Neil Rusch, que hacía las veces de intérprete, no terminó de entender de qué estaban hablando exactamente las hermanas.

Éstas, en su esfuerzo por aclararle las cosas, se interrumpían a menudo, y a veces, en la transcripción, resulta difícil separar sus palabras. Por eso, cuando recientemente edité este relato para su publicación (en un libro del que hablaremos próximamente en este blog), he hecho un texto compuesto que combina sus palabras. En todo caso, fue sólo entonces, con la transcripción delante, cuando he entendido que, más que contar un relato de fantasmas como los otros, las hermanas habían descrito un juego en el que los distintos participantes, al parecer tanto adultos como niños, se repartían los papeles de una historia en que la un niño llamado Sameraaltjie sufría toda clase de calamidades, hasta que moría. Pero no terminaba entonces el juego, porque el espíritu de Sameraaltjie se convertía en un fantasma que empezaba a aparecerse y perseguir a los otros participantes. En cierta ocasión, nos dijo Magdalena, ella y uno de sus hermanos se asustaron tanto que salieron a escape de la casa y su madre y otros adultos tuvieron que ir detrás de ellos para hacerlos volver. Ofrecemos aquí una versión ligeramente adaptada del texto que aparece en el libro y que, como se ha señalado más arriba, combina las voces de ambas hermanas.

Le teníamos un miedo horrible al pequeño Sameraaltjie, un fantasmita. ¡Menuda historia! Los mayores decían que era un juego, y lo jugábamos. 
Esto es sobre uno que está enfermo y entonces se muere. Y cuando se ha muerto, empieza a aparecerse a la gente. Bueno, es la madre y el niño, y el niño se llama Sameraaltjie. Viene la abuela, y la abuela pregunta: 
-¿Cómo le va a mi niño, al pequeño Sameraaltjie? 
Entonces [otro jugador] dice: 
-Vaya, pues está muy malo. 
Y así jugabas. 
Primero le caían unas tijeras en el pie, y después se ponía otra vez enfermo, y así es como se ponía tan malo. Y está muy mal, y después se muere. Y [así] juegas y juegas. 
Y entonces se ha muerto, y dicen:
-Ahora Sameraaltjie se aparece a la gente. 
Y señor, [una vez,] cuando dijeron "ahora se aparece a la gente", eché a correr y mi hermano también, salimos a escape. Y los mayores, mi madre y los demás, tuvieron que ir detrás de nosotros. ¡Como se lo cuento! 
Mire, así jugaban, que había un niño, ese Sameraaltjie, que se pone muy malo y se muere. Y eso lo ves, que se muere. Y cuando ha terminado de morirse, sale el espíritu. Entonces se te aparece y  te persigue.


jueves, 1 de septiembre de 2016

Elias Lönnrot y los cantores de runas

Hace pocas semanas me invadió una honda nostalgia del breve periodo que Helena y yo pasamos en Finlandia entre finales de julio y principios de agosto de 2014 para participar en un simposio sobre narración en Karja, al sur del país. Terminado el simposio, aprovechamos la oportunidad para hacer un poco de turismo en Helsinki. 

A decir verdad, mi nostalgia se concentraba no en los edificios, museos y monumentos que visitamos, sino en esos dos o tres días que dedicamos a patear esa hermosa ciudad. Fue aquel un deambular desenfrenado en el que cada calle era un pequeño mundo a descubrir, cada plaza una invitación a hacer una pausa y sentarnos sobre la hierba.

Nos alojábamos en el Omena, un curioso establecimiento perteneciente a la cadena de ese nombre, que ofrece el último grito en hoteles impersonales. Carece de recepción y sus habitaciones, por lo demás muy aceptables, guardan cierto parecido con camarotes de barco. Con todo, consideramos de buen augurio que el hotel estuviera en la Lönnrotinkatu, es decir, en la calle dedicada a Elias Lönnrot (1802-1884), el folklorista-poeta que dio a su país esa obra fascinante, parte folklore auténtico, parte pura creación literaria, que es el Kalevala. Esta epopeya causó sensación cuando se publicó en 1835, en un momento en que, por distintos avatares de la historia, la lengua de la mayoría de la población era el finés, pero los funcionarios que administraban el país hablaban sueco y sus dueños absolutos, ruso.

En estas circunstancias, y en pleno auge de los nacionalismos europeos, la intelligentsia finlandesa estaba hondamente desconcertada y no sabía por qué cultura y qué lengua decantarse la hora de afirmar su nacionalidad. El Kalevala de Lönnrot, en el que elementos chamánicos propios de los pueblos del Ártico se combinan felizmente con un paganismo más próximo a las sensibilidades germánicas, les hizo finalmente decantarse por la cultura y la lengua finesas. Lo más curioso, sin embargo, era que hasta la llegada de Lönnrot esta epopeya (que en su versión definitiva de 1849 tiene 22.795 versos) no existía como tal, sino sólo en cantos narrativos aislados (llamados runas) que formaban parte de la tradición oral del campesinado de las regiones más remotas del país. 

A la mañana siguiente de establecernos en el hotel descubrimos a que, a pocos pasos, frente a una antigua iglesia, estaba la placita en la que un monumento de 1902 conmemora al Kalevala y su creador. La escultura, obra de Emil Wikström (1864-1943), muestra a Lönnrot sentado, anotando en su cuaderno un canto que le recita un anciano de larga barba que está arrodillado en el suelo. Ambas figuras tienen un tamaño mayor al natural.




Wikström no era Bernini, pero el monumento impresiona, entre otros motivos por su temática fuera de lo común. Mientras lo contemplaba me pregunté cuántos países podían jactarse de tener en su capital una escultura que muestre una escena semejante. Lönnrot está elegantemente vestido, y sólo las botas que calza indican que no está haciendo trabajo de campo en un arrabal de Helsinki sino en algún pueblo de la región de Carelia, en el interior. El anciano cantor, como he dicho, está arrodillado junto a él, y parece completamente transportado por su canto. De hecho, Lönnrot mismo también parece ensimismado, como cogido por sorpresa en una pausa de su trabajo de anotación, la mirada perdida en la lejanía, quizá pensando ya en la grandeza que su trabajo le iba a reportar a su patria. Puede incluso que el escultor le haya pillado en el momento de inspiración en que a Lönnrot se le ocurrió la genial idea de, como hacían algunos de sus informantes, enlazar unos cantares con otros para así crear no una antología o un corpus de runas, sino una especie de Mahabharata del norte.

Ese mismo día Helena y yo peregrinamos a la sede de la Suomalaisen Kirjallisuuden Seura o SKS, la Sociedad de la Literatura Finesa, que alberga los cuadernos de campo y otros manuscritos a partir de los cuales Lönnrot compuso el Kalevala. La SKS también alberga el archivo de cuentos tradicionales más antiguo de Europa, en el que trabajaron folkloristas como Kaarle Krohn (1863-1933), uno de los fundadores de la moderna metodología del folklore y Antti Aarne (1867-1925), el autor del primer catálogo tipológico de los cuentos europeos. Por mucho que algunos renieguen, los folkloristas nunca podremos agradecerles lo suficiente a los fineses el haber establecido el folklore como una de las ciencias sociales.


En los vestíbulos de la SKS nos encontramos un relieve en bronce con una variación del tema de Lönnrot anotando el canto de un campesino de Carelia, obra del propio Wikström. En esta versión, el folklorista está de pie, cuaderno en ristre y botas calzadas, en el acto de escribir mientras el cantor, un hombre musculoso con el torso desnudo, está sentado y le mira directamente. En esta variante, aunque la otredad del informante queda menos patente que en la escultura de la Lönnrotinkatu, sigue quedando claro que cantor y escriba pertenecen a mundos sociales y culturales muy diferentes. Sin embargo, ¡qué servicio impagable prestaron a Finlandia aquellos rudos campesinos! No sé de ningún otro país que deba su existencia, como quien dice, a un “acto de folklore” llevado a cabo por un miembro de su burguesía. Es, por así decirlo, como si la conciencia nacional alemana hubiera surgido de la publicación en 1812 del primer tomo de los cuentos populares de los hermanos Grimm.



Rematamos el peregrinaje la Sociedad de la Literatura Finesa visitando la cercana librería donde se venden sus publicaciones. Allí compré algún que otro libro, ciertamente no tantos como me hubiera gustado, pero es que si en todas partes los libros son caros, en Finlandia todavía más, porque allí hay pocas cosas baratas. Uno de los libros que adquirí fue A Trail for Singers (“Una senda para los cantores”, 1995), de Matti Kuusi, que contiene, en versión inglesa de Keith Bosley, un amplia selección de las runas que sirvieron a Lönnrot para componer su obra. Huelga decir que, si bien en su día disfruté mucho leyendo el Kalevala (en la primera edición de la versión castellana de Joaquín Fernández y Úrusla Ojajen), los cantos originales que contiene este libro me interesan muchísimo más.



Estos días de canícula, cuando evocaba nuestros paseos de un extremo a otro de la zona histórica de la capital de Finlandia en medio de una ola de calor similar, intentaba acordarme de los dos versos del proemio del Kalevala con las que, animados por Yvonne Karsten, la enérgica organizadora, recitábamos cogidos de la mano los que impartíamos talleres en el simposio al terminar nuestras reuniones matinales:

Lyökämme käsi kätehen, sormet sormien lomahan,
lauloaksemme hyviä, parahia pannaksemme…

Que en la magistral traducción en eneasílabos de Joaquín Fernández y Ursula Ojanen (Madrid: Editora Nacional 1984), equivalen a:

Démonos la mano,
entrelacemos nuestros dedos,
bellas canciones cantaremos… (pág. 52, vv. 21-23)

Para facilitarnos las cosas a los que no hablamos finés, Yvonne suprimió las palabras sormet sormien lomahan, “entrelacemos nuestros dedos”, y nos dijo que el sentido de los versos que recitábamos es “unamos nuestras manos para cantar bellas canciones”, lo que animaba a imaginarse a un grupo de gente cantando en corro. Poco después, hablando durante el simposio con Yvonne y con otros entendidos en la poesía popular me enteré de lo equivocado que estaba. Estos versos aluden a la costumbre de los cantores carelianos de entrelazar sus dedos y cantar a dúo mientras se mecía rítmicamente.

Hay fotografías históricas que muestran a dos cantores así unidos. Su valor documental es grande, pero para ilustrar esta entrada me he decantado por un cuadro del gran pintor finlandés Akseli Gallen-Kallela (1865-1931), que no pudimos ver durante nuestra visita a Helsinki (creo que está en una colección privada) pero que encontré el otro día buscando por la red. Este cuadro es, además, una tercera variante del tema artístico del que os he venido hablando: Lönnrot en el acto de anotar el recital de un cantor de runas. Sólo que aquí muestra no a uno, sino a dos cantores, que, a horcajadas sobre un tronco caído y con los dedos entrelazados se mecen al ritmo de su canción. Uno de ellos, como en las esculturas, tiene larga barba, y podría muy bien ser Arhippa Perttunen (1769-1841), uno de los mejores informantes de Lönnrot y precisamente aquel de quien tomó la idea de combinar cantos de temática similar para hacer una obra más larga. A diferencia de las otras versiones, informante y folklorista no están aquí aislados. Una cuarta persona asa tres pescados en una hoguera de la que se levanta una espiral de humo, mientras otras cinco figuras, cuyas cabezas se ven a espaldas del folklorista, escuchan atentamente el recital de sus paisanos. El cuadro es un prodigio de luces y sombras, que plasma a la perfección el mágico momento del “acto de folklore” de los campesinos que el burgués Lönnrot, descalzo y a la misma altura que sus informantes, se afana por documentar.




Para terminar esta entrada, traduzco, de la versión ingles hecha por el kalevalista estadounidense Francis P. Magoun Jr., la descripción que en su día escribió Elias Lönnrot de su encuentro con Arhippa Perttunen. Está en el artículo “Arhippa Perttunen, Elias Lönnrot and Gallen-Kallela”, en el que Magoun Jr. comenta otro cuadro que el pintor hizo de este mismo tema. El artículo se publicó en 1972 en el volumen 73 de la revista Neuphilologische Mitteilungen, donde ocupa las páginas 209-213. La fuente original es el tomo primero la obra Elias Lönnrotin Matkat (“Viajes de Elias Lönnrot para recoger canciones”), publicado en Helsinki en 1902, páginas 221-226. La reproducción del cuadro de Gallen-Kallela “Lonnrot y los cantores de runas,” está tomada del siguiente artículo del New York Times que podéis consultar clicando en el link.

El lector podrán encontrar más información sobre la escultura de Wikström en la siguiente entrada del blog de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Y, si os apetece, podéis releer la entrada que en su día hizo de Helena sobre el Kalevala aquí

Os dejo ya con la descripción del viaje de Lönnrot y su encuentro con Arhippa:
Fui de Tsena, donde pasé el día, a Kivijärvi, que está media legua más adelante. Ahora mi ruta discurría en dirección totalmente opuesta a la que había tomado de Lonkka and Vuonninen. En todas partes, hasta ahora, todo había sido casi nieve desnuda, pero cuanto más me acercaba a Kivijärvi mejor avanzaba. Le perdí totalmente el miedo a las condiciones en que conducíamos y lamenté no haberme tomado tiempo para demorarme en Uhtua, Jyvälahti y Vuokkiniemi. 

En Kivijärvi la nieve seguía teniendo medio ell de profundidad. Tras pasar un breve tiempo en la aldea fui directamente a las orillas del lagua Latvajärvi, donde el granjero que residía allí, Arhippa, es muy apreciado como cantor de runas. El anciano tenía ahora ochenta años, pero había conservado su memoria hasta un extremo fuera de lo común. Durante dos días completos, incluso parte de un tercero, me tuvo ocupado anotando poemas. Cantaba los poemas en un buen orden, sin dejar lagunas apreciables, y el igual de la mayoría de ellos no lo había yo escuchado antes de otros cantores; dudo que se los pueda obtener en cualquier otro lugar. Estaba muy satisfecho de haber decidido visitar a Arhippa. Quién sabe si en otra ocasión hubiera encontrado al anciano con vida, y de haber muerto una parte considerable de nuestras antiguas canciones podría haberse ido con él a la tumba. El anciano se crecía de entusiasmo cuando, alguna que otra vez, empezaba a hablar de su niñez y de su padre, muerto muchos años atrás, de quien había heredado sus canciones. 
–Cuando –dijo–, pescábamos a orillas del lago Kappuka, después de haber extendido las redes junto al agua, ¡pero si tendría que haber estado usted allí! Teníamos un ayudante del distrito de Lapukka, que además era un cantor competente, si bien no se lo podía comparar con mi difunto padre. En los atardeceres solían cantar con las manos entrelazadas, y nunca se cantaba dos veces la misma canción. Yo era entonces un niño, y acostumbraba a escucharlos, de modo que, poco a poco, fui aprendiendo los mejores cantares, aunque mucho es lo que ahora he olvidado.  
”De mis hijos no saldrá un solo cantor una vez muera, como sucedió conmigo tras mi padre. Las viejas canciones ya no cuentan con la estima que tenían en mi niñez, cuando eran de lo más popular después del trabajo, o al juntarse la gente del pueblo en los ratos de asueto. Por supuesto, he escuchado a hombres cantar en encuentros, sobre todo cuando estaban algo bebidos, pero rara vez se trataba de canciones de mérito alguno. Al contrario, a los jóvenes de ahora les gusta cantar sus propias canciones subidas de tono con las que no querría yo ni mancillar mis oídos. Si entonces, como ahora, alguien las hubiera buscado, ni dos semanas le hubieran bastado para escribir las canciones que mi padre sabría. 
Mientras hablábamos, el anciano se conmovió tanto que casi rompió a llorar. Me resultaba difícil escuchar sin conmoverme su relato de aquellos buenos tiempos, si bien, naturalmente, como es habitual en estos casos, buena parte de las alabanzas dispensadas por el anciano se fundaban exclusivamente en su imaginación. Tampoco es que las canciones escaseen tanto como él piensa, aunque es cierto que, poco a poco, van pasando al olvido. En nuestros tiempos uno las escucha, y quizá sigan escuchándolas algunas de las generaciones venideras. Y tampoco es que sean totalmente denostadas; al contrario, jóvenes y viejos las escuchan cuando se cantan. Aunque la de Arhippa es en verdad pobre, me pareció más alegre que más de una casa mejor. Todos honoraban al anciano Arhippa como a un viejo patriarca, y a mis ojos también lo era. Además, carecía de muchos de los prejuicios que predominan por doquier en esos parajes. Él y la familia enteran comían en la misma mesa, al mismo tiempo, y de la misma vajilla, lo que sucede rara vez en otros lugares. …Quizá a algunos les resulte interesante saber cómo procede un buen cantor cuando recita. Un único cantor simplemente canta solo, pero si hay dos cantores, como es preceptivo para un canto de runas más ceremonioso, ambos se sientan uno frente a otro, o lado a lado, se agarran de las manos bien con sólo una mano, o con ambas al tiempo, y empiezan a cantar. Durante el recital los cuerpos se mecen hacia delante y hacia atrás, de modo que parece que cada uno tira hacia sí del otro. Entonces uno canta la primera estrofa de la runa, que entonces el otro, uniéndose en el último compás, repite completa. Mientras escucha esta repetición, el primer cantor tiene tiempo de sobras para pensar la siguiente estrofa, y así continúa el canto. O bien se canta una canción completa o se compone una totalmente nueva. En las fiestas de postín, en las que se reúnen muchos cantores, a menudo la rivalidad surge entre ellos. Los conocidos de ambos bandos apuestan entre sí si será uno u otro el que derrote al héroe de la oposición. Arhippa dijo que los otros aldeanos a menudo le habían metido en una competición, y no recordaba haber salido nunca derrotado. 
Pero, ¿cómo compite uno en el canto de runas? No como en las academias de bellas artes corrientes; el premio o la victoria no se le otorga a quien canta las mejores canciones, sino al que sigue cantando más tiempo. Primero, un hombre canta cierto poema, después da tiempo al otro para que conteste con un poema igualmente largo. Tras esto el primero canta de nuevo y a su vez es relevado. Si a un cantor se le termina el repertorio de canciones, el otro, si recuerda todavía alguna, es tenido como ganador. Si los cantores son más bien flojos, uno puede, de hecho, reírse de sus esfuerzos por tener la última palabra. La competición se parece mucho a una pelea de gallinas: la que cacarea más tiempo se considera la ganadora. También aquí las mejores canciones hace tiempo que quedaron relegadas al olvido; uno se acuerda sólo de episodios y palabras aislados con ayuda de los cuales intenta obtener la victoria. La otra forma es la de los buenos cantores. Aquello de lo que habla la canción: 
Cantó de un día al siguiente,habló sin pausa, de una noche a la otra, 
aquí sucede realmente, y el sueño es el que termina la competición, de modo que a ninguno de los dos se le considera ganador, o a ambos.


martes, 16 de agosto de 2016

El CIRCO DE LA NOCHE de ERIN MORGENSTERN

Este verano he releído un libro que en su día disfruté mucho y del que no había hablado aquí, la segunda lectura me ha proporcionado el mismo goce que la primera: te traslada a otro mundo con personajes muy interesantes y llenos de magia.

Hablamos del The Night Circus de Erin Morgenstern, traducido al castellano por El Circo de la Noche y editado por Planeta.





Es la historia de un circo que sólo funciona de noche, un lugar para soñadores, un sitio donde lo imposible es posible y donde las fronteras de la magia y la realidad se hace muy difusas. En ese marco tiene lugar un duelo, en el que quizá lo importante no es ganar, o donde al final resulta que ganar significa también perder. 

La narración tiene momento oscuros que le aportan ese contraste necesario de intriga y pasión que es lo que más me engancha de la historia. Reflexiones sobre el transcurrir del tiempo y el deseo de jugar con él: ralentizarlo, paralizarlo, representarlo, alargarlo...

No es una novela de personajes psicológicos, pero sí de crear una ambientación fantástica que si entras en ella seduce y te invita a soñar con infinitas posibilidades y juegos, todo ello envuelto en una estética muy propia, de circo en blanco y negro, exquisito y elegante. 

Aparecerán contorsionistas, equilibristas, domadores, lectores de cartas y, por supuesto, magos, pero es la palabra la que une y articula el todo. Capítulos que van presentando a los distintos personajes y vidas que se cruzan. 

Mi personaje preferido es Widget, que tiene el poder de contar historias,  y es capaz de ver el pasado de las personas, cuando éstas le dejan...

Os dejo con un diálogo de muestra que ha traducido para el blog, José Manuel de Prada. 

"Stories, tales, bardic chronicles," Widget says, "Whatever you care to call them. The things we were discussing earlier that are more complicated than they used to be. I take pieces of the past that I see and I combine them into narratives. It's not that important, and this isn't why I'm here" 
It is important," the man in the grey suit interrupts. "Someone needs to thell those tales. When the battles are fought and won alnd lost, when the pirates find their treasures and the dragons eat their foes for breakfast with a nice cup of Lapsang souchoung, someone needs to tell their bits of overlapping narrative. There's magic in that. It's in the listener, and for each and every ear it will be different, and it weill affect them in ways they can never predict. From the mundane to the profound. You may tell a tale that takes up residence in someone's soul, becomes their blood and self and purpose. That tale will move them and drive them and who knows what they might do because of it, because of your words. That is your role, your gift. Your sister may be able to see the future, but you yourself can shape it, boy. Do not forget that." He takes another sip of his wine. "There are many kings of magic, after all. (483-483 pp) 

 "Las historias, relatos, crónicas bárdicas -dice  Widget-, como quieras llamarlas. Las cosas de las que hablábamos antes que son más complicadas de lo que solían ser. Tomo trozos del pasado que veo y los combino para formar narraciones. No es tan importante, y no es por eso por lo que estoy aquí... 
Es importante -interrumpe el hombre del traje gris-. Es necesario que alguien cuente esos relatos. Cuando las batallas se han librado, se han ganado y se han perdido, cuando los piratas encuentran sus tesoros y los dragones se desayunan a sus enemigos con una buena taza de Lapsang souchoung, es necesario que alguien cuente los trocitos de relato que se superponen. Hay magia en eso. Está en el oyente, será diferente para cada oído, y afectará a cada persona de una forma que nunca se puede prever. De lo mundano a lo profundo. Puedes contar una historia que se acomoda en el alma de alguien, se convierte en su sangre, su yo y su propósito. Ese relato le conmoverá y le impulsará y quién sabe lo que pueda llegar a hacer por eso, por tus palabras. Ese es tu cometido, tu don. Puede que tu hermana sea capaz de ver el futuro, pero tú puedes darle forma, muchacho. No lo olvides -se toma otra sorbito de vino-. Después de todo, hay muchos reyes de la magia."



jueves, 14 de julio de 2016

"La hechicera", un poema de Eugène N. Marais

La profesora Helize van Vuuren, de la Universidad Nelson Mandela de Port Elizabeth, me hizo llegar hace poco un ejemplar de su reciente libro A Necklace of Springbok Ears: /Xam Orality and South African Literature (Stellebosch: SUN MeDIA, 2016).

Se trata de un fascinante estudio sobre las fuentes literarias surafricanas relacionadas con los bosquimanos del sur de África.


La lectura de la obra de Van Vuuren me ha animado a volver al pequeño libro de Eugène N. Marais Dwaalstories (1927), en el que cabe encontrar algunas de las producciones más tempranas y bellas en afrikáans basadas en las tradiciones orales de los bosquimanos.


He releído los cuatro breves cuentos y, en contra de la opinión de Van Vuuren, sigo pensando que su contenido es más atribuible a las dotes creadoras de Marais que a ninguna fuente oral, aunque, como ya dije en la otra entrada sobre este tema, tampoco cabe descartar que el poeta se basara en parte en una genuina fuente oral.


En todo caso, los poemas que están insertados en los distintos relatos sí que son creación de Marais, y se cuentan entre los más bellos en lengua afrikáans.


En la entrada antes aludida di algunas pinceladas sobre la vida de Marais y expliqué que Dwaalstories puede traducirse como "historias errabundas". "Historias peregrinas" tampoco sería mala opción.


Según dice la profesora Van Vuuren  (páginas 165-166 de su libro), "historias en proceso de extraviarse" también es un posible sentido de esta palabra compuesta.


En la anterior entrada sobre Marais se incluía la traducción del poema "Die dans van die reën" (La danza de la lluvia), que forma parte del relato "Klein Riet-Alleen-in-die-Roerkuil" ("Pequeño Junco-solo-en-el-torbellino")


Este poema ("Die towenares" / La hechicera) es parte de otro cuento, "Die Reënbul" ("El toro de la lluvia"). El texto está tomado de Gedigte (Ciudad del Cabo: Nasionale Pers, segunda impresión, 1934, página 43).


La ilustración es una de las varias que hizo la ilustradora surafricana Katrine Harries para la reeedición de 1959 de Dwaalstories (Ciudad del Cabo: Human & Rousseau). La he tomado de la edición digital de las obras completas de Marais accesible en la Digitale Bibliotheek voor Nederlandse Letteren (http://www.dbnl.org/).







Die Towenares
(Lied van die verbanne jong meid.)

Wat word van die meisie wat altyd alleen bly?
Sy wag nie meer vir die kom van die jagters nie;
Sy maak nie meer die vuur van swart-doringhout nie.
 Die wind waai verby haar ore;
sy hoor nie meer die danslied nie;
 die stem van die storie-verteller is dood.
G’n een roep haar van ver nie
 om mooi woord te praat.
Sy hoor net die stem van die wind alleen,
en die wind treur altyd
 om hy alleen is.



La hechicera
(canto de la muchacha desterrada)

¿Qué es de la muchacha que siempre está sola?
ya no espera la llegada de los cazadores;
ya no enciende nunca el fuego de leña de espino negro.
 El viento sopla más allá de sus oídos;
ya no escucha la música de la danza;
 la voz del contador de historias ha muerto.
Nadie la llama desde lejos
 para decirle palabras bonitas.
Sólo escucha la voz del viento,
 y el viento siempre se lamenta
  porque está solo.



domingo, 26 de junio de 2016

"The road not taken"/ "El camino no tomado" de Robert Frost


Me gusta mucho el poema de Robert Frost The road not taken porque expresa a la perfección ese deseo tan humano de querer elegir más de una cosa al mismo tiempo.

Ese momento de duda y de tensión y cómo elegimos uno u otro porque hay que tomar una decisión, guiados por el instinto tal vez, o dando mil razones.

Una vez tomada la resolución, nos consolamos diciéndonos que tal vez otro día, volveremos para explorar el camino dejado atrás. ¡Cómo si eso fuera posible!

Y aún más, nos tranquilizamos diciendo que el camino que tomamos fue "el mejor", el menos transitado, lo que nos hace sin duda sentirnos "especiales". 

En algún lugar leí que este poema lo escribió para un amigo suyo que era bastante dubitativo y luego siempre estaba arrepintiéndose de sus elecciones.

Si me gusta tanto este poema, es porque es un canto al momento sublime de la indecisión. Hacer esto o aquello. Ahí donde todo es posible. Y nada ha ocurrido todavía, pero donde no te puedes quedar eternamente. Luego escojas lo que escojas ya está. De nada sirve arrepentirse. Tampoco habrá vuelta atrás. Volverás a encontrarte con otras encrucijadas, eso sí. 




Robert Frost 
The road not taken 


Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth.

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same.

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I–
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.


Robert Frost 
El camino no tomado
Traducción para el blog: José Manuel de Prada-Samper


Dos caminos se bifurcaban en un bosque otoñal,
y apenado por no poder los dos transitar 
y ser un único viajero, largo tiempo me detuve
y contemplé uno hasta donde la vista alcanzaba
allí donde se curvaba en la maleza.

Tomé entonces el otro, por ser igual de bello,
y quizá más apetecible,
pues lo cubría la hierba y apenas usado estaba;
aunque el trasiego allí
en realidad los había gastado más o menos lo mismo.

Y aquella mañana a los dos por igual cubrían
hojas que ningún pie había hollado.
Oh, ¡reservé el primero para otro día!
Si bien, sabedor de que un camino lleva a otro,
dudé de que fuera a regresar.

Con un suspiro esto contaré
en algún lugar, dentro de una eternidad:
dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo...
yo tomé el menos transitado,
y eso lo ha cambiado todo.

sábado, 28 de mayo de 2016

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO

Llevamos un par de meses en que, sin forzarnos demasiado, nos levantamos por la mañana y nos ponemos a meditar. Un cuarto de hora nada más, pero sin saltarnos un día. Nos sentamos en silencio de cara a la pared blanca y tratamos simplemente de prestar atención al momento, de fluir, sin buscar pensar en nada, pero sin obsesionarnos tampoco cuando acuden los pensamientos. Puedo decir que es increíble la cantidad de cosas que pasan por la cabeza en cuestión de minutos, cuando se supone que no haces nada...

Hace ya mucho tiempo que, por separado, cada uno de nosotros, Jose y yo, habíamos iniciado distintas prácticas de meditación, pero al final la que más nos sedujo fue la meditación zazen. Tal vez por la simplicidad; sólo necesitas un cojín o un banquito y sentarte en silencio. Habíamos ido a un dojo para aprender lo básico: la postura, el ritual que hay detrás, la filosofía que conlleva... 

Meditar en grupo seguramente es muy diferente a hacerlo de manera individual, pero aún así, estoy contenta de haber iniciado esta práctica, que se está convirtiendo en algo muy necesario para mí cada mañana. 

Y me gusta leer sobre el tema. Ha caído en mis manos un ensayo corto de Pablo d'Ors llamado Biografía del silencio, editado por Siruela y que yo tengo en formato Seebook.



En el libro el autor explica sus primeros pasos en el mundo de la meditación y esto ayuda mucho cuando estás empezado. Así, nos dice que es muy común que durante la práctica  aparezcan ensoñaciones, si eres un soñador, o imágenes del pasado si eres nostálgico, porque cada uno medita como es. 

Igual que vamos a tener sensación de dolor y molestias, pero que hay que aceptarlos de manera que si vamos un poco más allá comprobaremos que nuestros sentidos se volverán más despiertos y receptivos.

Se trata de observar y observarse. Nada más. Y nada menos. Con ellos seremos capaces de desarrollar la atención.

Por supuesto también vamos a encontrar en el libro reflexiones sobre lo que es meditar y los beneficios que conlleva la práctica. Pablo d'Ors es sacerdote, pero no he encontrado ningún dogmatismo en la lectura de este pequeño ensayo que explica con sencillez y desde la experiencia propia lo que es la meditación zazen.

Os dejo con una pequeña reflexión del autor que me gustaría hacer mía:

 La atención me fue conduciendo al asombro. En realidad, tanto más crecemos como personas cuanto más nos dejamos asombrar por lo que sucede, es decir, cuanto más niños somos. La meditación - y eso me gusta - ayuda a recuperar la niñez perdida.