lunes, 21 de mayo de 2012

Una lectora nada común


The uncommun reader de Alan Bennett, publicado en España con el título de Una lectora nada común por la editorial Anagrama, es uno de esos libros que se convierten en joyas sobre el placer y el vicio de la literatura.

La trama no puede ser más provocadora: ¿Qué pasaría si a la reina Isabel II de Inglaterra le diese ahora por leer y no parar?

La novela, que es muy cortita, relata cómo la afición de la lectura cambia al lector.

El gusto literario se hace y va cambiando a medida que te ejercitas en él. Abre la puerta a otros mundos y ayuda a ponerse en el lugar de otro. Si te gusta leer en silencio, te planteas leer en voz alta, hablar de libros con otras personas y hacer de tu vicio secreto un placer compartido.

Pero la lectura es un "no hacer". ¿Qué relación tiene con la escritura, que sería "hacer"? Eso lo deja para el final de la novela, que me parece genial.

La ficcion que plantea Alan Bennett es tan divertida y mordaz como imaginarse a la reina de Inglaterra sorprendiéndose a sí misma de ponerse en el lugar de su criada; recomendarle libros al Primer Ministro (que no es que lea mucho) o escondiendo el libro por debajo de la ventana de la carroza para hacerse más entretenidos los viajes del palacio al Parlamento.

Oh, sí, la lectura le subyuga, le enriquece y le hace saborear mundos hasta entonces inimaginados, pero también le hace ver las tareas de cada día como un sosa, absurda y vacía obligación. Y lo peor, leer obliga a pensar y tal vez a plantearse objetivos, ¿quién soy yo? ¿Cuál es mi voz? Si es que tengo una propia.

Después de este libro la envarada Isabel II cae mucho mejor, casi hasta te da pena que sea reina.

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